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El amor de las preguntas

Bandera_costa_rica  San José, Costa Rica

 

Muchas veces Lay y yo nos cuestionamos si Ro, nuestro hijo de 6 años realmente es una persona muy reflexiva y atenta a lo que sucede su entorno, o es solo capricho de papá y mamá que aman con todas sus fuerzas a su hijo. Pero, si no mienten las otras personas que rodean a Ro, éstas expresan que de una u otra forma les llama la atención de Ro, su capacidad de observar los detalles, recordarlos y sobre todo, conectar una experiencia con otra. En este sentido, y jugando a asumir que esto es así ¿Por qué Ro será así? ¿Es especial, o esto es una capacidad que tiene cualquier niño o niña? ¿Por qué Ro y otros niños y niñas de edad parecida tal vez no?

Cada vez me convenzo más que toda persona desde pequeña tiene el potencial de desarrollar su capacidad de estar vivo, atento, conectado al mundo, preguntando-se ¿Qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?… El tema está en el contexto que rodea a esa persona. Y es que creo que uno de los factores que más afecta el desarrollo o no de esa capacidad es la actitud que tienen las personas del círculo más cercano de ese ser. ¿Escuchan esas personas? ¿Valoran cada mensaje expresado por la persona pequeña o consideran que “cuando crezca” ya dirán cosas “Serias” que sí tomarán en cuenta? ¿Les interesa generar un diálogo genuino y constante con ese niño o niña?…

Esas y otras interrogantes son fundamentales que nos las hagamos para con ello convertirnos en “posibilitadores” para que otros seres humanos, desde pequeños puedan ejercitar y desarrollar su grandioso potencial de estar vivos en el aquí y en el ahora, siendo críticos, reflexivos y apasionados por disfrutar los detalles… los entre líneas de la vida.

(Lay va caminando con Ro -4 años y 9 meses-  rumbo a la feria de verduras y frutas)

Ro: Mami ¿existen familias rotas?

Lay: ¿ah sí? ¿cómo es una familia rota?

Ro: bueno la mamá vive separada de su esposo y sus hijos y hasta de su bebe… está dividida, ¿entiendes?

Lay: sí entiendo … ¿y eso qué te parece?

Ro: mal, porque está rota

Lay: bueno hijo hay diferentes tipos de familias.
Ro: si yo se , familias con hermanos y sin hermanos, familia de viejitos, y así
Lay: también familias de solo mamás , con un solo papá, con dos mamás y un papá , familias de abuelos… (Ro me interrumpe)

Ro: bueno ya no quiero hablar más del tema

Lay: ¿por qué? estamos conversando.

Ro: si, pero me dan ganas de llorar

Lay: ¿te puedo decir una última cosa?
Ro: ok
Lay: lo que hace a una familia “familia” es el amor

No dijo nada … comenzó a hablar de la luna y las estrellas.

Así como ésta, mes a mes van surgiendo nuevas y apasionantes conversas, que hemos decidido ir registrando -algunas olvidamos anotarlas-. Y si bien, no siempre tenemos la disposición a 100% de estar escuchando y sintiendo en el aquí y en al ahora cada uno de esos diálogos, sí nos esforzamos en estar lo más posible atentos a escuchar-preguntar-escuchar. Y es que evitamos que cuando Ro nos hace una pregunta, una afirmación o negación sobre algo, decirle de una vez nuestro parecer, por el contrario, devolvemos la pregunta a él mismo, para por un lado, motivarle a profundizar lo más posible en lo que uno está pensando, y por el otro -y muy importante también- para conocer más detalles del posible ¿por qué de esa expresión? y con ello evitar salir de una vez con una sentencia desde la suposición de “Lo debe decir es por esto, así que de una vez le digo esto”.

Y es en ese punto donde cobra una fuerza hermosa el amor de las preguntas. Devolver una pregunta, luego otra, y ser casi que solo facilitadores de un proceso de reflexión que poco a poco pasa de ser individual a colectivo. Es fascinante, y no porque sea Ro, fascinante porque posibilitamos no suponer, y con ello no limitar el poder de creación, conexión y profundidad de toda persona, indistintamente la edad que tenga. Por cierto, vale acotar que a Ro desde que estaba en la barriga de Lay le hablamos, y no en “bebeñol” le hablamos como a cualquier otra persona, y lo mismo cuando nació, el aún no podía construir comunicación a través del verbo, pero sí comprendía lo que le decíamos y el amor que le trasmitíamos, siempre dialogábamos, cada quien con su forma de comunicarse.

Y así poco a poco mientras ha ido creciendo, creo que él ha podido ir valorando, -solo es mí sensación- que lo valoramos como un ser humano pensante, y no como un niño que luego será una persona…adulta. Y si usted no hace esto, lo invito a hacerlo porque es un fascinante mundo de aprender colectivamente. No hay desperdicio.

Viva el amor, viva la escucha y el poder de las preguntas.

Por Ricardo Salas